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Archivo del Autor: Esther Martinez
El calor que se sabe de memoria de Paula Ortiz
Más de un año después de rodar por desiertos, ciudades y montañas, nuestras tres mujeres ya andan solas. Y es ahora y aquí, justo a pocos días de que salgan a la luz, cuando quiero que recordemos cómo y de qué forma un equipo de gente regaló todos sus días de aquel verano a esta historia, echando sus horas, todo su compromiso, su arte y su pasión para crear el mundo de Inés, Violeta y Luisa. Ellas, que eran entonces solo palabra, idea, un aire en nuestra imaginación, fruto de entretejer un gran tapiz de mujeres de las que me hablaron, a las que conocí, otras que leí, otras que imaginé, y que entre todas me evocaron caminos nuevos con sus ideas, y con toda la vida que dejaron tras de sí se hicieron reales gracias a Maribel, a Leticia y Luisa que les dieron carne y hueso, mirada y voz. Y detrás de ellas fue todo un ejército maravilloso que en la guerra contra todos los elementos cruzó los paisajes para habitar su mundo lleno de papeles pintados, cafés decadentes, máquinas de coser, cajas de botones, frascos con mariposas, peces en bañeras, cortinas traslúcidas, flores en el pelo, pasos en la tierra del yermo, aullido de vientos, luces en la noche tras los cristales empañados de un invernadero, albadas en los campos de trigo, nueces en el suelo, amapolas en las vías del tren y tantas pequeñas maravillas.
A todos los que con cada gesto, cada paso han dado vida a estas tres mujeres hermosas por dentro y por fuera, a todos los que con sus horas de esfuerzo y pasión consiguieron no dejar escapar nuestro pajarito, a todos los que corrían por el páramos, los bosques y los lagos helados para agarrar la poiesis escurridiza, a todos los que han mirado por todas las grietas de su imaginación para hacer que esta historia resonara fuerte y honda, a todos los que, además, creían que merecía la pena… A todos ellos, solo deseo que cada vez que se cuente esta historia sientan que su punzada es fuerte, y que el eco de tantas mujeres que resuena en De tu ventana a la mía llega. Y que merecía y merece la pena….
Ahora ya solo queda que a nuestra historia de amor y resistencia, de sueños y angustias, de silencios, conciencias, secretos, pasiones sin límites, llantos ahogados, gritos a la montaña, mariposas que se convierten en larva, caricias sobre medias francesas, que nuestro cuento acerca de ese calor que se sabe de memoria…, y de ojos asombrados tras una ventana, imaginando otros paisajes…, tenga un bonito viaje. ¡Salud y libertad amigos!
Publicado en Postproducción
3 comentarios
El sonido en “De tu ventana a la mía”
Fue Don Antoni Gaudí quien dijo que la originalidad es volver al origen, y esta premisa del genio catalán me pareció el mejor punto de partida para comenzar a dibujar la sonoridad de “De tu ventana a la mía”. Tras superar el shock inicial de saberme montador de sonido de la película y paralelamente al trabajo sobre el minucioso sonido directo de Bonmatí (Carlos, espectaculares tus wildtracks multicanal), comenzamos a indagar en los tres ámbitos espacio-temporales que configuran el multiverso de la obra. Sentimos cierto vértigo al ver la tremenda responsabilidad que conllevaría el montaje de sonido de semejante proyecto. Espectacular trabajo actoral, inconmensurable trabajo técnico.
Partimos de los sonidos reales de cada uno de estos lugares, del más puro naturalismo, para componer las atmósferas que habrían de vestirlos. Sociedades ornitológicas de todo Aragón, el Instituto Meteorológico Nacional o archivos sonoros de varias décadas del siglo XX; fueron algunas de las fuentes en las que buceamos para encontrar los elementos con los que habríamos de jugar. Rastreamos de arriba abajo tanto Internet como nuestra sonoteca, y después de compilarlos y clasificarlos, empezamos a pensar en como se debería manejar todo aquel material. Pero pronto nos dimos cuenta de que necesitaríamos algo más que sonidos reales, por mucho que los reordenáramos, editásemos o combináramos para plasmar el espíritu de la película. “De tu ventana a la mía” es un cuento moderno, es art nouveau, es realismo mágico, a veces una infinita catedral gótica, a veces una pequeña ermita invadida por la vegetación; pero siempre es poesía. Necesitábamos encontrar el material con el que se teje la poesía.
De la mano de Paula, empezamos a asomarnos al cronotopo del idilio, y en aquellos visionados y conversaciones; comenzamos a imbuirnos del espíritu, el mensaje, la ética y la estética de éste trabajo. Comprendiendo los tres mundos, las tres almas y los tres tiempos; elaboramos un código basado en encuentros y afinidades, un léxico y una sintaxis con los que comunicar y comunicarnos, un sistema basado en símbolos, dualidades, equilibrios y en relaciones interdependientes. La diégesis, la exégesis, lo atávico y lo rupturista, lo ctónico, lo telúrico y lo uránico, lo místico y lo mundano, lo críptico y lo revelado.
Tanto yo, como la gente con la que he tenido la suerte de trabajar, Jandro y Rafa (sin vuestro arte, constancia y esfuerzo; sencillamente hubiera sido imposible), comenzamos a hablar y pensar. Ana, como siempre, te sentí cerca. Como siempre hiciste que todo fluyese, que lo adverso se convirtiese en propicio. Como siempre, te lo agradezco.
De la hipnagogia, pasé a esa fase de la que siempre habla mi maestro, (Pela, tú siempre ves lo que nadie oye): el momento en el que empiezas a soñar con la película. Y las soluciones comenzaron a llegar: mediante técnicas e instrumentos, muchas veces inéditos en nuestra habitual forma de trabajo, se nos abrieron las puertas de la taumaturgia buscada. Encontramos la manera de congelar el tiempo, sonorizar los recuerdos y hacer gritar al silencio. Expusimos nuestras ideas y abordamos el montaje. Gracias Javi por estar siempre con nosotros, por tener todo siempre en la cabeza, por tu inteligencia y tu sensibilidad (y por atar una cuerdecita al tobillo de Paula y otra al mío, y evitar que en ocasiones saliésemos volando…).
Todo empezó a crecer y a crecer, a mutar. Nuestra metamorfosis ya estaba en marcha. Durante semanas experimentamos y procurábamos que cada sesión de trabajo deviniera en un hallazgo. El foley de Álex y Toni, nos dio el detalle, el tacto y la fisicidad que necesitábamos en cada momento; completó nuestra arquitectura, la definió.
Respecto al tratamiento de la música, decir que se pretendió la completa simbiosis con el resto de sonidos. Tratamos de generar un único tejido, en el que no se acierte a ver dónde están los límites entre montaje y partitura. Y conseguir esta aproximación no ha sido nada fácil, pero finalmente el resultado está siendo sumamente satisfactorio.
Pasamos mucho tiempo sumando y sumando, incluso a veces multiplicando; pero llegó un momento en el cual vimos necesario invertir el sentido de nuestro trabajo. Si bien la complejidad y el barroquismo son facetas idiosincrásicas de la película, nos dimos cuenta de que había llegado el momento en el que no había mejor manera de continuar sumando que comenzando a restar. Muchas secuencias adquirieron un nuevo sentido, despejando la jungla que nos envolvía descubrimos nuevas sendas por las que transitar. Y ese proceso que afrontamos en el último tercio del montaje, Nacho ya en mezclas será quién lo culminará. Ha sabido comprender la película y está respetando nuestra filosofía, y por lo que he podido ver, está llevando a una nueva esfera nuestro sonido. Su visión serena y su experiencia acabarán de matizar nuestro trabajo.
Durante este tiempo, a pesar de las tribulaciones y del esfuerzo, he sido inmensamente feliz. Mis expectativas se han visto totalmente superadas. He tenido el privilegio de que sea de Paula Ortiz la primera película que firmo como jefe de equipo. Me abrió las puertas de su mundo y me invitó a formar parte de él. Hemos tocado cielos y cienos juntos, cuestión que nos sirvió para encontrarnos en una maravillosa comunión. Gracias por tu brillantez, tu imaginación y tu valor. Espero seguir compartiendo placenta contigo por muchos años.
Ya son pocos los días que nos queda para concluir la postproducción de sonido; pero yo no quiero que se acabe. Tras la premezclas en La Bocina (esa pequeña e irreductible aldea gala), iremos a terminar la película a Belagua. ¿Y después? Cogeré una amapola y la oleré.
De este sueño no me quiero despertar.
Iñaki Sánchez
Publicado en Doblaje, Postproducción
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