La creación del universo sonoro de una película es uno de los grandes desconocidos del proceso creativo, a pesar de ser una de las fases más apasionantes y más complejas de la producción de cine. La postproducción de sonido se inicia con el montaje de sonido, desde el trabajo sobre el sonido directo (diálogos, sonidos, ambientes) hasta la incorporación de nuevos sonidos. Además, hay que incluir los foleys, los doblajes y las mezclas. La reconstrucción sonora de los tres mundos de la película ha exigido un inmenso trabajo, pues la directora quería que cada una de las vidas de nuestras tres protagonistas se rodeara de un universo sonoro completamente diferente, y a la vez tremendamente envolvente: la atmósfera de Inés, con los vientos y las montañas; la de Violeta, con agua, la vida en la naturaleza y delfines; mientras que la de Luisa, se ubicaba en los sonidos más urbanos y contemporáneos.
Iñaki Sánchez, montador de sonido y sus dos ayudantes, Jandro López y Rafa Paniagua, han sido los responsables de que hasta el último detalle del proceso de sonorización de la película sea absolutamente impecable. El trabajo de montaje ha sido de una riqueza y una complejidad poco habitual en el cine español. Iñaki ha realizado un fantástico trabajo de narración sonora, haciendo que las atmósferas y los efectos sonoros se convirtieran en parte esencial del relato de las vidas de estas tres mujeres, de sus mundos vitales y sus dramas interiores. Por su parte, Pelayo Gutiérrez, un profesional del sonido con una premiada y reconocida trayectoria en el cine español, ha supervisado el proceso hasta su fase final. Un trabajo espectacular en el que el equipo de La Bocina al completo ha puesto todo su cariño, convirtiéndose en parte de la familia de esta película y en una extensión más de Amapola Films.
Además del enorme trabajo de montaje de sonido, la película ha exigido un enorme esfuerzo en el apartado de los foleys, los efectos sonoros recreados en estudio. La directora, Paula Ortiz, nos contaba cómo gracias al trabajo de Álex F. Capilla y los antes mencionados, se conseguían sonidos tan específicos como el de las espigas, más verdes y más maduras, cómo se fabricaba el sonido de las pisadas, del viento y las aguas … y todo ello en mayor o menor intensidad y forma, con una riqueza de matices sonoros realmente extraordinaria.
Las mezclas corrieron a cargo de Nacho Royo, quien llevó a cabo un delicado trabajo de volúmenes y mezclas, en una fase a la que dedicaremos otro post. Todos estos procesos técnicos y artísticos han sido coordinados, hasta el último detalle, por Ana Belén, una pieza fundamental para que funcione todo el engranaje de ese gran equipo profesional y humano que es La Bocina. Todos los que formamos “De tu ventana a la mía” queremos agradecer a Iñaki, a Pelayo y Nacho, y a Ana, así como todos los que han participado en esta fase, su enorme implicación para hacer de esta película una joya sonora, un fascinante universo de sonidos, que todos podremos disfrutar en la gran pantalla.
Fotos gentileza de Rafa Paniagua.
http://www.labocina.es/
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